No es el número de niños reclutados por guerrillas y paramilitares en lo que fue la engañosa y por lo mismo fallida paz total de Petro, ni el global de víctimas de ejecuciones extrajudiciales en la era Uribe, ni las bajas enemigas que a voz en cuello y con marcado amaneramiento prometió, desde los tiempos en que creímos que era un completo despropósito pensar siquiera que un hombre así llegaría a la presidencia, el señor De la Espriella. No, la 25.542 es la Ley de Defensa de la Actividad Librera en Argentina, doce artículos que establecen, a fin de garantizar la subsistencia de las librerías independientes frente a la voracidad mercantil de las grandes cadenas y plataformas multinacionales, un sistema de precio único de venta al público en todo el territorio nacional. Y sí, quién lo creyera, en países como Argentina, España, Italia, Francia, Alemania, Noruega, Japón y Corea del Sur las librerías son vistas y valoradas como lugares de encuentro, espacios para la difusión y promoción cultural, léase identidad de los pueblos, nada que ver con las firmas que se dedican al muy sospechoso y cada vez más frecuente negocio de vender mercancías en línea por debajo del costo.
Pese a la evidencia, o quizá contra ella, Javier Milei, presidente de Argentina, impulsa en la actualidad un proyecto de ley de desregulación que busca derogar la 25.542. Según dice, la protección estatal a la actividad librera atenta contra el mercado y la libre competencia. Nada que pueda sorprender, de un sujeto que ha hecho de la desfachatez su mejor argumento, se puede esperar cualquier pendejada. El problema, no obstante, persiste, y tiende a agravarse. La idea de asfixiar las librerías independientes es apenas una de las especificidades en su objetivo general: ganar la tan batalla cultural. Al fin que el poder político se sostiene, de izquierda a derecha, en el control hegemónico de la cultura, la memoria, la educación y el lenguaje. Milei lo sabe, y lo saben Trump, Bukele, Orbán, Meloni, Abascal, De la Espriella y todos los líderes de la ultraderecha contemporánea, el reciente fenómeno político que, en aras de una discusión seria y objetiva, no debería confundirse, por sus peculiaridades programáticas y de comunicación, con el fascismo del periodo de entreguerras o el neofascismo de la segunda mitad del siglo XX.
Volviendo al tema que atañe a esta columna, es necesario agregar que para fortuna de las librerías independientes la correlación de fuerzas en el Congreso de la Nación desfavorece a Milei. El bloque oficialista es minoritario, y se verá obligado a negociar con las coaliciones políticas de izquierda y centro que se oponen al dichoso proyecto. Libreros, editores, escritores y gremios del sector, todos a una, han expresado su desacuerdo con el que consideran un atentado a la economía y la diversidad cultural argentinas. Incluso el poderoso empresario Adolfo De Vincenzi, GEO del Grupo ILHSA, propietario de Yenny, El Ateneo, editorial El Ateneo y revista Quid, y que factura más de US$ 65 millones al año, advierte que la desregulación podría enviarlo a él también a la quiebra. El debate está abierto y la pelea casada, pronto veremos quiénes toman la delantera.

