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Un pasado muy presente

En los últimos años Rubén Blades se ha hecho consciente de que tiene más pasado que futuro. Con 78 de vida y más de 50 narrando la idiosincrasia y las heridas del continente americano a través de sus canciones, ha trascendido el apelativo de “salsero” para ubicarse en la órbita de los creadores e intérpretes polifacéticos que además movilizan consciencias y ponen su voz al servicio de los silenciados y oprimidos.

Compositor, cantante, abogado, actor, candidato presidencial, ministro de turismo, consciencia crítica de América Latina, Blades siempre vuelve a los estudios y escenarios con un pasado brillante a cuestas que nos permite disfrutar en el presente su inigualable aporte a la música latinoamericana. Con una gira de despedida en marcha, y la convicción de sacarle el mayor provecho a su vitalidad y lucidez para darle el cierre merecido a su obra como cantautor, acaba de sumar a su discografía un registro más que se siente como un retorno en varios sentidos.    

En un concierto de 2023 en Ciudad de México, antes de interpretar la canción País portátil, Blades se lamentaba de que el tema de ésta siguiera tendido vigencia cuando habían pasado catorce años desde que apareciera incluida en el álbum Cantares del subdesarrollo (2009). Es justo a esa época a donde se da el primer retorno en este nuevo disco, y es que la canción País portátil, además de darle nombre al álbum, aparece como primer número en una nueva grabación con arreglo de Roberto Delgado y Orquesta, la agrupación panameña que viene acompañando a Blades desde 2010, y que le imprime a esta nueva versión la contundencia del sonido de una big band moderna, y refresca ese inventario de infamias que padece el continente por cuenta de políticos “charlatanes” y siniestros poderes estatales. El formato y la condición de acompañarse por un muy destacado grupo de músicos coterráneos, marca también una suerte de regreso a las raíces de los sonidos sofisticados del jazz que impregnaron la salsa de los 70 y configuraron una amalgama mucho más compleja de sonoridades y referencias de la cultura afrocubana. Ese rastro es posible seguirlo en una de las composiciones nuevas del álbum: La negra Soledad, pieza en la que brilla la sección de vientos de la orquesta y que, además de hacer un guiño en los soneos al bolero Historia de un amor, del también panameño Carlos Eleta Almarán, es posible ponerla mano a mano desde lo temático con el Hola Soledad, de Palito Ortega, que inmortalizó Rolando La Serie.     

En el Gueto y En la prisión son otras dos nuevas composiciones, y funcionan como capítulos encadenados de una historia en la que el crimen y el castigo son las caras de una moneda que define el destino de muchos jóvenes. La voz de la madre en la primera con la sentencia «El que enseña matando, solo aprende muriendo»; y el lamento del hijo ya condenado en la segunda («Cometí un error y estoy dentro de un penal / Aquí se muere el amor y de eso es que nace el mal»); componen los dos coros más contundentes y memorables del álbum. En el Gueto también mira al pasado y dialoga con la archiconocida Amor y control (1992); y En la prisión vuelve sobre el tema carcelario que Blades ya había explorado en la composición El cazanguero, que grabara en 1975 para el álbum The Good, The Bad, The Ugly, de Willie Colón y Héctor Lavoe, y que escribiera a partir de su experiencia como practicante de Derecho en la colonia penitenciaria de Coiba.

Compendio de sabiduría popular, Pregunta, escucha y aprende articula un refranero común al folclor de ciudad latinoamericana (FOCILA, como lo llama Blades), bajo la sofisticación del sonido orquestal con un tempo más lento que permite aquello que ha sido parte de la filosofía creativa del panameño: que se pueda bailar, pero que sobre todo invite a pensar. Además, se hace mención a otro de los hitos del universo narrativo dentro del cancionero de Blades: la península de Arayué, con su particular dialecto afrocubano incorporado en el coro.

Como compositor prolífico, Blades ha entregado canciones para otros de los grandes de la salsa, entre ellos su admirado Cheo Feliciano, quien le grabó en 1977 la canción Nacha en el álbum Mi tierra y yo. En 1986 Blades retomaría la canción para incluirla con el nombre de Chana en el trabajo Doble filo, grabación en la que se escucha el soneo «Para que baile Gabriel García Márquez, gózalo Gegema». Cuarenta años después, una letra con variaciones y nuevos arreglos ponen la pieza a punto para evidenciar cómo se puede remozar una canción cuando se suman las virtudes de lo compositivo y lo orquestal.

La segunda recuperación del álbum Cantares del subdesarrollo corresponde al número que utiliza la metáfora beisbolera del momento límite para definir el partido en la parte baja de la novena entrada. A diferencia de la nueva grabación de la canción País portátil, Segunda mitad del noveno entra a este nuevo álbum tal cual fue grabada en el 2009, decisión que podemos entender como una forma de recordar la vigencia de su tema: esos momentos límite que asfixian a las sociedades latinoamericanas.

Crear un alter ego es un procedimiento muy valorado en la literatura para dirimir la confusión entre autor y narrador, convirtiéndose en ocasiones en un juego con muchas posibilidades narrativas. En 2018 Rubén Blades presentó Medoro Madera, álbum en el que conocimos al personaje con el que homenajea la tradición del son cubano de la que él y todos sus contemporáneos salseros son deudores. Se trata de una especie de alter ego al que presta su voz impostada para darle el tono de un sonero octogenario que bebe ron, fuma puros y adora cantar. Al cierre de este nuevo álbum, Medoro Madera reaparece para cantar Cualquier día de estos, breve composición de letra esperanzadora y comprometida con un porvenir menos aciago para nuestros países en el que «Caerán las cadenas / y entrará en escena / un nuevo guion». 

 


 

 

 

  

 

 

 



 

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